El comentario de Daniel Mancini.un lujo

Argentina 3, Cabo Verde 2.*El detalle más lúcido que deja la victoria obtenida frente a Cabo Verde es el reconocimiento de un motivo de cuidado detrás de un triunfo valioso, pero inquietante: el juego interno de la selección Argentina se ha resentido. El cambio sustancial que realizó Scaloni en Qatar, al incluir a Enzo Fernández frente a México, instauró la era identitaria del equipo, convirtiendo el mediocampo en una maquinaria virtuosa mediante su línea central (el mismo Fernández, Mac Allister, Paredes y, cuando intervino, también Messi).*En esta Copa, el funcionamiento de los internos se resquebrajó por tramos, pero nunca como ante los africanos se observó un colapso doble: tanto en la posesión ofensiva como en el retroceso para recuperar el balón. El desequilibrio se observa en los aportes fugaces de De Paul y Thiago Almada, pero aún más en la actuación de Mac Allister, quien, libre en el corazón del campo, inició varios ataques erráticos debido al alejamiento de sus socios —especialmente Enzo Fernández—. *Esto obligó a traslados innecesarios del volante del Liverpool y a abusar del pase lateral ante el estatismo de los receptores, como Almada y Lautaro Martínez. Luego, al contraerse, tras el breve dominio posicional de Cabo Verde, el mediocentro quedó aislado delante de sus centrales y perdió la referencia del eje, lo que fracturó al equipo en dos, facilitando que el rival, al ensanchar la cancha, empujara a la Argentina contra su propio arco.*Después de las cuatro situaciones críticas sufridas por Argentina en Qatar —ante los árabes, en el empate agónico frente a Países Bajos y en las dos igualdades de Francia—, el partido frente al conjunto de Bubista constituye el quinto eslabón crucial entre mundiales. El encuentro volvió a igualarse por causas similares: el derrumbe del mediocampo, que al intentar agruparse con marcado desorden para neutralizar a los africanos, fracturó el ecosistema defensivo.*No es casual que Lisandro Martínez recurriera al pase largo como asistencia frecuente. Se advierte como una instrucción del entrenador para atacar de forma directa las espaldas de los zagueros rivales, quienes mostraron una firmeza tenaz. El propio Lisandro, lugarteniente óptimo para la autoridad de Cuti Romero (quien junto al referente del United fue una de las dos figuras del partido, sumando la trascendencia de los goles conseguidos por ambos), fue tan celoso del cuidado defensivo que, en el primer empate, descuidó su posición para cerrarse junto a Romero. Al intentar proteger el núcleo del área, dejó su calle sin custodia, lo que permitió la conversión de Leroy Duarte.*Es lógico que un equipo que retrasa la base de sustentación para optimizar la defensa pierda parte de su poder ofensivo. Sin embargo, lo que parece exigir una revisión rápida es aquello que descompone el equilibrio defensivo al punto de anular las mayores virtudes del equipo: el pase como elemento de comunicación, el gobierno del partido mediante la posesión, la ocupación del espacio productivo, la presión asfixiante tras pérdida en sectores elegidos del campo y el retroceso armónico para resguardar a Dibu Martínez.*Calificar a Cabo Verde como un equipo de entusiastas que solo espera atrás es un error de valoración. El conjunto de Bubista defiende con un orden quirúrgico, quizás el más destacado del torneo, y con una comprensión altamente efectiva de los espacios que patrulla. No recurren a la falta como recurso de interrupción, simplemente porque no lo necesitan, comprobando al verlos desplazarse que su interpretación colectiva de la resistencia es inmejorable.*Finalmente, tras 120 minutos agotadores debido, también, a la influencia de un clima sofocante (un tema que es principal y de análisis reiterado para los cuerpos técnicos), Argentina ganó gracias a los rasgos de su carácter colectivo para revertir la adversidad y a momentos en los que el juego grupal recobró su brillo. Esto resultó evidente con el ingreso de Julián Álvarez, ubicado como media punta sobre la izquierda para fortalecer la sociedad con Enzo Fernández y recuperar una circulación fluida y lúcida; consiguiendo un triunfo irrefutable que, además, funcionará como un oportuno llamado de atención.